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Bonsái, el enlace con la naturaleza

Bonsái, el enlace con la naturaleza

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Estos árboles en miniatura se han convertido en un representante de la naturaleza puertas adentro de los hogares. Además de la belleza estética que trae consigo, extiende el poder curativo de los bosques para las personas de la ciudad.



Espacios con árboles frondosos de hojas verdes y troncos anchos que denotan cierta longevidad dejaron de ser panoramas exclusivos de la selva. Un árbol o bosques enteros pequeños se lo puede tener en casa.
Esa conexión con la naturaleza que trae relajación y desengancha a las personas de la cotidianidad es lo que logran los bonsáis. Y este placer, que además es estético, no solo nace en los espectadores de estas obras de arte, sino que también -y, sobre todo- en quienes dedican parte de su tiempo a crear y conservar estos árboles miniatura.
Incluso, como si se tratara de una terapia asistida con animales, se iniciaron investigaciones para usar los bonsáis en terapias de naturaleza y obtener efectos psicofisiológicos en ciertos pacientes. El estudio Influencia del bonsái en la salud y bienestar como recurso sin explorar de la Universidad de Zululand, en 2018, señala que como forma de arte, el bonsái requiere disciplina y compromiso. Porlo que “se puede considerar que el bonsái integra la relajación, el ocio y la terapia artística en un medio que puede tener un valor personal, emocional y comercial más allá del sofá del terapeuta”.
A criterio de la autora de la investigación, Caroll Hermann, existen numerosos beneficios que se derivan de la sensación de estar conectado con la naturaleza, como unir a las personas a sus ambiciones de crecimiento personal. Entre varios resultados, Hermann concluyó que las actividades con bonsái tienen un efecto directo en el estado de ánimo de las personas por lo que podría contribuir al bienestar mental.

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BONSÁI, UN ARTE QUE INSPIRA


Aunque este arte nació en China hace más de 2000 años, cuando empezaron a crear paisajes en miniatura, fue en Japón donde se potenció la creación de árboles pequeños. El término bonsái significa plantado en una maceta y no se tratan de plantas que genéticamente son pequeñas, incluso, cualquier árbol podría ser un bonsái.
Así lo asegura Eduardo Asanza, presidente de la Asociación Bonsái de Quito. Pero aclara que por lo general se escogen árboles que tienen hojas pequeñas, pues permiten dar una forma y estructura más definida al arbusto. Sin embargo, con varias técnicas se logra que los ejemplares grandes se reduzcan.
Según su tamaño, existen muchas categorías de bonsái. De acuerdo con el portal Bonsái Empire hay diez tipos: Keshitsubo (3-8 cm), Shito (5-10 cm), Mame (5-15 cm), Shohin (13-20 cm), Komono (15-25 cm), Katade-mochi (25-46 cm), Chumono/Chiu (41-91 cm), Omono/Dai (76-122 cm), Hachi-uye (102-152 cm) e Imperial (152-203 cm).
Cualquiera sea su tamaño, la meta es que el bonsái configure una representación realista de la naturaleza. Este es un diseño que, según Asanza, lleva muchos años conseguir. Se aplican varias técnicas, como la poda que da forma al árbol y el alambrado que moldea las ramas al gusto del artista. Pero para Asanza, el nebari (la parte baja del tronco) es lo que más suele llamar la atención en un bonsái. Se lo puede ensanchar y darle longevidad para que sea un punto focal.
Hay estilos rectos, con sinuosidad, en forma de escoba, clásicos con pisos, en forma de cascada, troncos anchos con mucho follaje, ramas que forman balcones, árboles vivos sobre o enredados en troncos muertos, árboles con raíces vistas y muchos más.
También se pueden formar bosques que tienen un árbol principal que es la cúspide y lo acompañan árboles de la misma especie más pequeños ubicados adelante y atrás dejando espacios vacíos.
Un estilo muy particular es la balsa. Tal como sucede en la selva, cuando se cae un árbol, uno nuevo surge del tronco acostado en el suelo.
“Lo que se busca es un equilibrio dentro del diseño. Si se tiene una parte de madera muerta como punto focal, por ejemplo, se lo balancea con la parte verde para que haya una armonía”, comenta Asanza. Agrega que también en el diseño siempre se pretende una triangularidad.


CUALQUIER ÁRBOL PUEDE SER UN BONSÁI


Según Asanza, hay varias formas de crear un bonsái. Algunos lo hacen desde la semilla, pero esto significa mucho tiempo de trabajo. Hay especies que tienen un crecimiento más rápido y otras que se demoran más. Además, depende mucho de la cantidad de nutrientes que se ponga en el sustrato del suelo.
Otro modo es reducir árboles grandes. Se trata de ir al bosque y escoger un árbol que tenga una serie de característica como el movimiento del tronco, su base, los procesos naturales que ha sufrido, entre otros detalles. Se lo poda hasta cierta altura, se saca el grupo de raíces y se lo transporta en una lavacara fuerte o en costales a su nuevo hogar. Después se lo coloca en un contenedor grande con la finalidad de que se adapte y sobreviva. Se lo va trabajando poco a poco, dándole el diseño, se lo poda para dar énfasis a ciertas ramas y darle el estilo final.
También se puede cortar una parte del árbol donde hay mayor actividad de crecimiento. Se coloca una hormona de crecimiento y se lo siembra en un contenedor pequeño. Con suficientes nutrientes y el cuidado correspondiente, con el tiempo este va a crecer.
Para todo esto es necesario un buen sustrato que contenga nutrientes naturales. El árbol requiere fertilizantes de alrededor de 20 días a un mes. Además, el suelo debe ser granulado para que las raíces puedan crecer y tengan más oxígeno. “De este modo se mantiene la vigorosidad del árbol, el lustre de las hojas y se obtiene el crecimiento del árbol que el artista necesita”, explica Asanza.
Por otro lado, según la especie, se debe cambiar el sustrato cada cierto tiempo: se le saca al árbol de la maceta, se peinan sus raíces que suelen estar amontonadas y se lo coloca nuevamente en la maceta con ciertas técnicas para que se fije. “Unas buenas raíces se reflejan en el follaje de arriba”, comenta Asanza.


Más de 100 ejemplares de estos árboles miniatura y el trabajo de varios años se pueden observar en el Museo del Bonsái ubicado en el Jardín Botánico, en el norte de Quito. Cuentan con especies nativas del país como la guaba, arupos y manzanos. Y también con ejemplares de árboles que fueron introducidos en Ecuador como el eucalipto.
“Expreso mi arte, mi pensar, mi manera de sentir en el árbol. Como se expone en el Museo, el Bonsái te enseña que solo el tiempo y la paciencia son capaces de hacer las cosas hermosas”, expresa Asanza. (I)

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